6ª DE SAN ISIDRO 2019

6ª de San Isidro, corrida de rejones…, y reflexiones

De una Tauromaquia de Pharamond Blanchard

Buen tiempo, 20º C. Asistencia: 15.500 espectadores

Corrida de rejones de Fermín Bohórquez, para: ANDY CARTAGENA, SERGIO GLÁN y ANDRÉS ROMERO.

Toros descastadillos, manejables y sosos.

ANDY CARTAGENA: saludos y oreja.

SERGIO GALÁN: saludos y oreja.

ANDRÉS ROMERO: silencio y saludos

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REFLEXIONES:

Del toreo eterno, de la épica y del arte, de la estética, podemos debatir con holgura aceptando opiniones dispares, conocimientos y gustos varios. Sobre «gustos» hay mucho escrito, a pesar del dicho popular; pero no llegará lo editado a los 32.000 títulos, aproximados, que tendría la biblioteca de temas taurinos más completa. Gustar sólo de «arte» o hacerlo sólo de épica es libre, como es lógico. Pero, a mi modo de ver el toreo, no estaría completa mi satisfacción sin ambas premisas esenciales. El toro, para mí, sólo es lícito matarlo cuando ofrece el torero, como compensación al sacrificio, la acepción de un riesgo cierto. El toro demasiado «doméstico» no es digno de morir en plaza; el torero no debe lidiar y dar muerte a un animal que carece de peligro, o al que se le quita la fiereza a base de merma de su poder y de sus condiciones salvajes. El equilibrio es complejo; las variables infinitas.

CABALLOS Y TOROS EN LASCAUX

Desde Lascaux y Altamira hasta nuestros blogs actuales, 30.000 años de historia gráfica nos regalan imágenes de aquella lucha por la supervivencia, y la muestra del orgullo de las gestas de lucha del hombre con el bruto. De la génesis del toreo hablamos. Dice D. Miguel de Unamuno:

Cavernario bisonteo.

tenebroso rito mágico,

introíto de un rito trágico

que culmina en el Toreo.

CORRIDA CABALLERESCA EN FLANDES, 1578

Y desde aquellos lances (con lanza) a la actual corrida, ya ordenada al final del siglo de las luces («Costillares», Pedro Romero, «Pepe Hillo»), y rematada por «Paquiro» en su tauromaquia de 1836, se ha ido adaptando la lid entre hombre y toro a las crecientes sensibilidades de la sociedad suprimiendo aquellos episodios más cruentos. La legitimación del toreo viene otorgada, además de por la tradición, por esa racionalización de acondicionamiento de la lid a una normativa reglada que limita abusos, desorden y falta de respeto a la víctima sacrificial y al espectador que la observa. Y por el carisma que le otorga el que el carácter de un pueblo conviva y se confunda con las virtudes de un enfrentamiento valeroso y artístico, ritual y místico; único e indefinible… (a pesar de lo que se escribe y se habla de él).

El día 18 de mayo hemos disfrutado en la plaza de toros de «Las Ventas» de una de esas corridas que dejan huella, y controversias, en el aficionado. De esas que sirven para encantar al espectador ocasional, y que llenan el coso de un murmullo de admiración. El animal y los matadores, en los 6 episodios, lucieron sus cualidades y ofrecieron variadas muestras de sus poderes y aptitudes artísticas.

SOBRERO DE ALGARRA. SERIO, ÍNTEGRO, ENCASTADO

Vamos a referirnos a la obra realizada por PABLO AGUADO, sin olvidar la oreja que consiguió GINÉS MARÍN.

GINÉS MARÍN, DANZA BELMONTINA

Me han criticado algunos mi juicio sobre PABLO AGUADO al destacar las pocas apreturas en su toreo. Admitidas. Pero todos no vemos el toreo igual, a Dios gracias (¿verdad Toni, de Muro, Mallorca?), y es conveniente que debatamos sobre esa diversidad para enriquecernos; para elegir luego lo que más nos guste.

PABLO AGUADO, CADENCIA Y DULZURA. SIN APRETURAS

Cuando aprendía a ver toros, allá por el 2º lustro de los 50, me extrañaba que se aplaudiera a los toreros que llevaban al toro despacito; creía que eso no era peligroso, y que sin el peligro se perdía la emoción. Gustaba entonces más de César Girón y de Diego Puerta que de las faenas de Antonio Ordóñez o Curro Romero. Creía que «lo de aquellos» era más difícil que «lo de éstos». Luego vas gustando de todo, cada cosa con su sabor; y comprendes lo complejo que es ser aguerrido delante del toro bravo y lo difícil que es pasarlo despacio y toreado rascándole la tripa al matador.

Así pues, con esta leve declaración, mantengo que el toreo de PABLO AGUADO, que adjetivé de excelso en arte, en gusto, en temple, en…, me habría emocionado más si lo hubiera desarrollado con más apreturas, en cercanías; más comprometido con el riesgo exigido al que se le otorga el honor de lidiar y dar muerte a un toro bravo. Cierto que lo puso difícil el maldito viento de «Las Ventas», que al fin supieron «torear» los 3 yéndose al 5/6, lugar que señalaba con insistencia el rabo del toro de la veleta (como habría que hacer siempre, según defendía alguien que conocía la plaza como su propia casa, lo era; un tal ANTONIO CHENEL «ANTOÑETE»), lo que es un claro atenuante.

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José María Moreno Bermejo

José María Moreno Bermejo

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