¿QUÉ HACER CON LA SUERTE DEVARAS?

«TITO DE SANDOVAL» PICA, DETIENE Y LARGA A UN SALTILLO, EN CERET

          Siento gran preocupación por el futuro, y el presente, de la Suerte de varas. La degradación en la que está inmersa, y la poca atención que recibe de los profesionales y de los aficionados, en general, me hace presagiar que pronto carecerá de la más mínima importancia en la Corrida; incluso irá desapareciendo de los tentaderos de las ganaderías, en muchas de las cuales ya hoy le otorgan una importancia menor.

          Creo que hay que dignificarla en lugar de asumir que lo que se hace hoy es difícilmente mejorable. Para ello, todos los que defendemos que la Suerte de varas es esencial en la Corrida, debemos cuidar de que nuestros mensajes no entren en la banalidad del conformismo, y explicar, con la mayor claridad posible, por qué la primera suerte es fundamental para el comportamiento del toro en las restantes, y para respetar la ética de la lidia

          Repetimos los objetivos de la Suerte de varas, para así centrar el cómo, cuánto, dónde y el porqué de su importancia en el desarrollo de la Lidia:

          1º.- Valorar la bravura del toro.

          2º.- Regular el poder del toro. Dosificar el castigo.

          3º.- Ahormar la embestida.

          4º.- Facilitar quites artísticos.

          Es claro que el comportamiento del toro en la Suerte de varas define sus características respecto a bravura o mansedumbre, y enseña el camino que ha de seguir su matador durante la posterior faena de muleta. Es cierto que algunos matadores fían más de sus capacidades de lidiadores que de las acciones de sus picadores, sobre todo los que torean normalmente ganaderías por ellos muy conocidas, pero creo que todos deberíamos defender una suerte que es origen y paradigma de la Corrida, y que ofrece al espectador una emoción y un reconocimiento de las esencias del Toreo, las que nos llevan a amar al toro por sus virtudes y al matador por su valor, arte y conocimientos. Minimizar las muestras de poder del burel al aplicar la vara con alevosía o desconocimiento, nos lleva a la encrucijada sobre la legitimidad de dar muerte a un animal al que decimos amar, a la que sólo se tiene derecho cuando se le ofrece la posibilidad de una lucha equilibrada. Vejar al toro, humillarlo con puyazos inicuos, abusar de ventajas indebidamente, nos pondrá muy cuesta arriba la defensa de nuestra amada Fiesta Nacional. Por todo ello conviene tratar de cómo debemos exigir una Suerte de varas digna y adecuada.    

          El encuentro de toro y picador debe ser equilibrado, por lo que el dosificar el castigo es fundamental. Picar en demasía en la 1ª vara nos privará de comprobar la bravura del toro, pues sólo después de la 2ª, y aún en la 3ª, vemos si el cornúpeto no se ha afligido por el castigo y si en él se crece.

          La pelea en el peto debería evitarse, a pesar de lo “imposible” que es lograrlo, según nos dicen los cómodos picadores, y algunos tratadistas que explican que es sólo en la lucha con el peto donde el toro se ahorma. Ahormar significa adecuar las fuerzas y la forma de ejercerla en las embestidas del toro, por medio de la acción de la puya en el cerviguillo, donde se afectan los músculos extensores de la cabeza evitando el cabeceo y ayudando a la mejor humillación, lo que posibilita una más armónica faena de muleta. Dejar al toro “listo” para que llegue suavecito a la muleta tras una lucha inicua contra un peto amurallado, es la anti lidia.

          Veamos qué entiendo como una suerte de varas adecuada, lo que baso en las tres “ees” inherentes a la dignidad del Toreo: Ética, épica y estética. Si cumplimos con estas tres “virtudes” podremos explicar nuestra afición a la Tauromaquia; si no, será difícil que alguien no aficionado, y aún muchos aficionados, justifiquemos la muerte, que sería indigna e ilegítima, de un animal al que decimos amar.

PICAR BIEN

          -El picador debe ser un torero de a caballo avezado, fuerte, buen jinete, conocedor de las diversas castas ganaderas de bravo, con lo que podrá adecuar la suerte a cada tipo de toro. Situado en la bocana de la puerta de cuadrilla (o en otra por la que saldrá en su turno, la Puerta de Madrid en Las Ventas), observará el comportamiento del toro en sus primeros encuentros con los toreros de a pie; sin duda esas primeras reacciones deben darle orientación en el cómo, dónde y cuánto ha de picar.

          Una vez llegada la orden de salida, se encaminará con cautela a la contra querencia de la plaza, esto es: frente a toriles. Lo hará pausadamente, pegado a tablas con objeto de evitar llamar la atención del toro. Ya en el sitio, situará la culata del toro a medio metro de tablas y perpendicular a ellas. Debe permitir la puesta en suerte del toro por el matador, lo que molestaría una posición más cercana a las rayas, y posibilitar el paso del mismo hacia el lado izquierdo del caballo.

RAIMUNDO RODRÍGUEZ EXPLICA LA SUERTE

          -Es imprescindible para una buena suerte el que el matador coloque bien el toro frente al caballo cerca de la concéntrica menor en el primer intento, fijándolo de manera que sea el picador con sus movimientos, voz y gestos el que centre la atención del toro; hay que evitar la presencia de subalternos junto al caballo, pues ello influiría en la intención del toro y en nuestra decisión sobre su bravura. Llamando al toro con la voz y movimientos de vara y cuerpo, se irá acercando el picador a él de frente y despacio, sesgando el caballo poco a poco para que en el encuentro forme el ángulo adecuado que le permita girar la cabeza del equino hacia la izquierda mientras se afianza a la vara cuya puya ha entrado en el sitio ideal del cuerpo del toro, que no es otro que el final del morrillo, desde luego antes de la “cruz” lugar donde confluyen los músculos de los miembros anteriores y los demás que permiten la locomoción del toro[. Tras el encuentro, en el que habrá clavado la puya antes de que llegue el toro al caballo, el picador ira vaciando la embestida haciéndose fuerte en el soporte del estribo izquierdo, y largando al toro lejos del caballo por el lado derecho de su cabeza. En cualquier caso, el picador debe evitar el choque de la res con el peto, y si ello no fuera posible procurará que el encuentro no sea violento.

          A mi forma de ver, la estancia del toro en el peto es inadecuada, porque se le infringe un castigo ventajista sin darle oportunidad de una lucha equilibrada. En toda la lidia debe permanecer la equidad entre las acciones del picador y el poder del toro. Y volviendo a la dosificación del castigo, es más fácil hacerlo en 2, 3 o 4 encuentros que en 1. Privar al toro que exprese sus cualidades es privarlo de la dignidad que debe exigirse al que va a darle muerte.

          Si el burel es renuente al cite del picador, conviene que éste elija otro terreno menos equidistante del de la contra querencia, y cite de nuevo desde él. Es conveniente esa acción en la suerte antes de perder tiempo con citas continuadas que enmarañan la lidia; ya conocida la condición del toro, lo que debe seguir es la de un puyazo adecuado a sus características. Si el toro sigue sin querer pelea, el picador irá a él, aún rebasando las rayas, amparado por el reglamento, y culminará la suerte sirviéndose, si es preciso, de la ayuda del peonaje.

          Al recetar el puyazo, el picador y su matador deben decidir la opción más adecuada a las características del toro; la puya que ahorma la embestida debe ser manejada con la técnica necesaria. Siempre dentro del espacio cercano al final del morrillo, la acción de la puya puede afectar en mayor o menor intensidad la utilización de los músculos por parte del toro, que sentirá una cierta perturbación en los más dañados, principalmente en los extensores de la cabeza, los epiaxiales, que nacen en la cruz y van hacia la testuz, y que usará menos el toro si le molesta su utilización, evitando los cabeceos que truncan las posibles embestidas armónicas . Picar en otros sitios de la anatomía del toro siempre es perjudicial, en mayor o menor medida, además de las lesiones en los músculos locomotores, las posibles afecciones de cartílagos de escápulas o vertebrales, se corre el riesgo de lesionar los pulmones produciendo neumotórax o hemitórax, algo bastante más común de lo que se cree. Esos continuos mete y saca con el toro excitado, “preso” en el jaco por las continuas “cariocas”, facilitan el contacto de la puya con el mediastino, y la consecuencia es una incapacidad respiratoria que merma la vitalidad del animal en los tercios posteriores. Lo mismo resulta de los puyazos caídos, traseros o demasiado profundos. Para reducir esos riesgos ciertos, es muy necesario que se reduzca la longitud de la puya, ya que sabemos que es muy difícil conseguir que el picador pique debidamente en los aledaños del cerviguillo; dentro del “mal”, debemos evitar “el peor”, y la nueva puya de los Sres. Sales y Fernández Sanz, salvan los efectos dañinos de los malos puyazos de los malos picadores.

REVISTA DE ESTUDIOS TAURINOS 1999. Nº 9

          Los estudios realizados por veterinarios especialistas en toros de lidia: “Suerte de vara”, editado en Valencia en 1999, de los autores Luis F. Barona y Antonio Cuesta López (resultado de los trabajos que hicieron junto a Montero Agüera en la Universidad de Córdoba); el citado de la Revista de Asuntos Taurinos nº 9, de 1999, de los veterinarios Julio Fernández Sanz y Juan Villalón; el de la tesis doctoral del veterinario Francisco Bayo Rodríguez, 2008; los realizados por mí y plasmados en los anuarios del 1997 al 2007, editados por el Ayuntamiento de Madrid en 10 volúmenes sobre lo acaecido en Las Ventas durante ese dilatado periodo (con ilustraciones de apuntes del natural del pintor César Palacios Romera), coinciden en la importancia que tienen  los puyazos en el comportamiento posterior del toro. Obviar esa realidad acción reacción, minimizada por la encomiable labor de los ganaderos y sus veterinarios, que está logrando criar toros con cada vez más propensión a humillar sus envestidas, no es acertado, a mi modo de ver.  

          Sigue siendo la Suerte de varas la que consigue la continuada mejora de la raza de toros de lidia. En los tentaderos, los ganaderos seleccionan su ganado por el comportamiento que hayan tenido en sus encuentros con el caballo. Es cierto que unos son más proclives que otros, pero ninguno obvia ese examen. También es cierto que los que le prestaban menor atención rectifican con el tiempo tras comprobar que los resultados, tras la laxitud primera, no son los que esperaban. Llevar a la plaza de toros ganado con mal comportamiento en el caballo no prestigia a ganadería alguna, ni a los toreros que los lidian; ni a la legitimidad de la Corrida.

          -Es muy interesante la labor que está realizándose en el estudio de una puya de base pirámide cuadrangular, de la que ya hemos tratado, más corta que la reglamentada (“s”), que tiene muchísimas ventajas. Para mí, la mayor de ellas es la del menor perjuicio que puedan provocar los malos puyazos; estos se producen inevitablemente, y el que esta nueva puya no profundice en demasía en la anatomía del toro es importante. También es importante que los estudios realizados por sus valedores, el torero Manuel Sales y el veterinario Julio Fernández Sanz, explican que todas las demás funciones que se requieren de la primera suerte se logran con esta puya; además de evitar mayor sangrado, posibles «ojales» o rasgados de piel, etc; y se facilita la rectificación si se marra. 

          -Ya hemos tratado este asunto en muchas de nuestras entradas en este blog, en charlas y mesas redondas, amén de en la obre titulada “La verdad sobre la Suerte de varas”, pero quiero en esta ocasión reincidir en la necesidad de que todos intentemos defender una buena ejecución de la primera suerte como parte fundamental del posterior comportamiento del toro durante los dos restantes. Tenemos que concienciar a todos los agentes del toreo de que hay que prestar la mayor atención posible a la Suerte de varas. A los matadores se les debe obligar a que coloquen bien en suerte al toro ante el caballo; a que ocupen su posición a la izquierda del caballo para no distraer al toro; a los banderilleros a su neutralidad lejos del caballo para que el toro se exprese sin incentivo ajeno a su bravura; al picador a que cite con donosura y arte, y pique con mesura y colocación; al público para que no aplauda indebidamente, o que silbe sin conocimiento. Y a los presidentes, para que adviertan a los matadores de que no se les concederá la 2ª oreja en el caso de que su comportamiento, o el de sus subalternos, en la 1ª suerte, no haya sido el adecuado.

          Por último, hay que recordar que el tránsito de la Suerte de varas durante los últimos 100 años ha sido degradante. De la indudable dignidad de muchos picadores del siglo XIX y principios del XX, que combatían con los toros en condiciones que sólo los muy avezados podían superar por lo dificultosas, se ha ido pasando a la actual, en la que muchos intrusos se montan a caballo sin los conocimientos y facultades exigibles para ser dignos profesionales del toreo. Los primeros petos, cuyas noticias aparecen en 1887 en la revista mejicana “La Banderilla”, nº 1, y que culminan con la obligatoriedad de su uso a partir de 1928, las exigencias para ser picador han ido reduciéndose hasta llegar a la “nada” actual. Y con ello, los muy grandes picadores, que los hay, se difuminan entre la inmensa mayoría indocta y perniciosa, sin que los responsables de la sindicación de picadores y banderilleros sean capaces de controlar el acceso a la profesión de los no cualificados.

LOS INICIOS DEL PETO PROTECTOR, 1887

          En fin, es obligado tomar conciencia de la situación y revertirla de inmediato. Desde nuestra «Peña El Puyazo” llevamos 70 años clamando en el desierto por una escuela de picadores en la que se pueda enseñar el bien picar. Sabemos que es absolutamente necesaria la formación de los caballeros del toreo, por ser parte importante en el comportamiento del toro. Oímos continuadamente, a picadores, matadores, informadores y aficionados varios, que donde hay que picar es en la “cruz”; y no hay forma de convencerles de que ahí se producen daños en los músculos que posibilitan la locomoción del burel; sangrados excesivos; cabeceos molestos por la afectación de cartílagos que ligan vértebras, costillas o escápulas a sus músculos… En fin, formar, seleccionar y controlar a los que van a ser actores en un rito que sólo se justifica si la labor de todos es acorde con la ética, épica y estética exigible al que participa en un sacrificio cruento que hay que dignificar para evitar su desaparición.


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José María Moreno Bermejo

José María Moreno Bermejo

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