MADRID, FERIA DE OTOÑO

FERIA DE OTOÑO 2019. LAS VARAS

ÓLEO DE JOSÉ BENLLIURE GIL

MARIANO BENLLIURE, ENTIERRO DE JOSELITO «GALLITO III»

Terminó la Feria de Otoño en la plaza de Las Ventas del Espíritu Santo, y el resultado de los 6 festejos habidos ha sido bastante positivo para el aficionado. Un festejo de «No hay billetes» y aforos de unos 19.000 espectadores en los restantes, aún en la novillada, nos aportan esperanzas sobre la buena salud que la Fiesta disfruta en lo que se refiere al número de asistentes; y a la edad de los mismos; cada vez hay más jóvenes en los tendidos. Una vez más se comprueba que el aficionado de «Las Ventas», sea o no madrileño, mantienen su criterio selectivo al considerar positivas las actuaciones de los toreros más sinceros por ilusión, entrega y toreo sin trampas, y que no se apena por la ausencia de los considerados primeras figuras. Ya pasó en el San Isidro 2019, y debería pasar en el del próximo año aplicando el invento del sorteo igualitario; el que no quiera «arriesgar» un alamar, que no venga (ni de sustituto, oiga).

Comienzo esta entrada del blog con dos sabrosas obras taurinas de los hermanos Benlliure. La contemplación del arte que estas imágenes expresan me hace disfrutar del Toreo con mayor intensidad. La una nos muestra una corrida del final XIX, algo revuelta, magnífica en la acción del picador central picando en el morrillo e intentando salvar al caballo de los buidos pitones del berrendo, legada por el gran José Benlliure. La otra es la del célebre mausoleo de Joselito «Gallito», un culto a la grandeza del Toreo, expresado en este grupo escultórico excelso realizado por el escultor Mariano Benlliure.

La Suerte de varas, que había crecido en calidad durante la pasada Feria de San Isidro, no nos ha ofrecido este otoño detalles de interés. Además, debido al poquito poder de las reses lidiadas el alarde de los picadores no ha existido, prácticamente. Apenas dos toros han ido de lejos al caballo; apenas dos puyazos cayeron en zona apropiada. Y apenas hubo necesidad de apretar con fuerza para no mermar las pocas que los bureles, en su mayoría, ostentaban.

Y hemos seguido leyendo las crónicas vertidas en las emisoras de radio o escritas en los medios, y aún las de las de Internet, constatando que se sigue sin prestar la debida atención a la Suerte de varas. A veces, cuando a ella se refieren, resaltan los críticos que el picador: «midió el castigo», «apenas apretó», etc., y no nos cuentan dónde cayó la puya, o en cual lugar de la plaza se infirió el puyazo, con lo que el lector no podrá saber las cualidades del toro y asimilarlas a la faena (o no faena) realizada.

Nadie denuncia que un puyazo trasero puede afectar al movimiento posterior de la res; nadie siquiera se pregunta qué habría sido del comportamiento del toro si hubiera sido picado en su sitio. Nadie explica a sus lectores u oyentes el mal que puede sobrevenirle a un burel tras el topetazo violento contra el peto, o por la larga permanencia de la res bajo las faldas protectoras del jaco. Se atreven a juzgar al toro sin contemplar las consecuencias derivadas de la Suerte de varas. Nadie se preocupa de conocer los resultados del análisis post morten de canales en las que los pulmones han sido lacerados por la puya… Creo que todos deberíamos considerar la suerte de manera más justa. No se le presta la debida atención. Es una pena.

Me ha resultado del todo imposible destacar un puyazo bueno durante esta Feria de otoño. Sí hubo unas buenas decisiones de Antonio Ferrera fijando la colocación del piconero de turno en los tendidos de más querencia. Poco más. Aún los picadores que saben y quieren picar bien han estado discretos, o menos, durante estos 6 días de toros. Aún yendo con toreros no endiosados que les permite libertad para picar a su criterio; aún habiéndose picados toros sin exceso de poder, los picadores han estado bastante desafortunados; o digámoslo con menos acritud: no han estado afortunados.

Aparecen sonidos de tambores lejanos que nos hablan de un conato de fundación de dos escuela de picadores. Por parte de nuestra peña «El Puyazo» hemos ofrecido a estos amantes de la Suerte de varas, toda nuestra ayuda y colaboración. Aún están verde estos proyectos, pero es nuestra intención potenciarlos, animarlos, difundirlo e incluso participar en su fundación. Hoy hay signos de intranquilidad por la dinámica negativa que sufre la Suerte de varas y por las muy negativas consecuencias que la mala ejecución de ella trae consigo. No es la menos interesante la de evitar que su mala praxis dé alas al mundo antitaurino para poder denostar con argumentos a la Corrida y a toda la Tauromaquia.

En nuestro tránsito por la visión de fotografías, pinturas y grabados sobre la Suerte de varas, observamos con deleite la importancia que esta primera suerte de la corrida tuvo otrora. Los más eximios pintores taurinos de todos los tiempos festejaron en sus obras la épica del caballo, toro y picador como una lid atrevida, bella, necesaria y decisiva para el posterior comportamiento del burel. No es nuestra intención reivindicar la épica de los encuentros de toro picador y caballo como si el tiempo no hubiera pasado; sería ridículo hacerlo. Sobre todo debido al cambio sustancial que ha experimentado el toro de lidia. El toro hoy, en un porcentaje elevado, expresa en su comportamiento una actitud colaboradora humillando debidamente. La selección realizada por los ganaderos fijan más el carácter colaborador que el luchador. De hecho muchos de ellos no contemplan como exigible un comportamiento racial en varas. Y esto, para mí, es muy peligroso. La esencia del rito táurico radica en el dominio de la inteligencia humana sobre la brutalidad animal. Si esa brutalidad continua edulcorándose caeremos en la banalidad de la domesticación del luchador bravo. No es ético, de ningún modo, matar a un animal doméstico; no es concebible.

LOS PICADORES Y EL DELEGADO ANTES DE LA CORRIDA
LAS VENTAS, SAN ISIDRO, 2019

Debemos conquistar nuestro derecho a disfrutar de una Suerte de varas épica, ética y adecuada. Somos los aficionados los únicos que podemos lograr que todos: matadores, piconeros, ganaderos, apoderados, presidentes y veterinarios se tomen en serio esta bella y necesaria suerte del Toreo. Tomemos el ejemplo de las plazas de toros francesas gestionadas por aficionados o con gestión compartida con las instituciones. Allí no vuelve a picar un picador maleta: ni un matador que permita una suerte de varas dañina. Los picadores lo saben y se esmeran en sus intervenciones.

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José María Moreno Bermejo

José María Moreno Bermejo

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