NICOLÁS FERNÁNDEZ DE MORATÍN Y SU CARTA HISTÓRICA AL PRÍNCIPE DE PIGNATELLI

FRANCISCO PIZARRO, PICADOR DE TOROS

Estatua de Francisco Pizarro en la Plaza Mayor de Trujillo.

          En la presentación del libro: “José Gómez Ortega ¨Gallito III¨ debuta en Madrid”, publicado en el 2005, comienzo con esta meditación: “El mundo del toro está pleno de chascarrillos, leyendas y ditirambos con los que se ameniza su entorno, haciéndolo más llamativo y curioso”. Y lo concluyo aseverando que lo bueno es que se escriba, se hable y se discuta sobre la Fiesta, porque eso le dará importancia y vida a nuestra preciada tradición. Opinión muy opuesta a la que D. Miguel Unamuno expresaba en sus quejas antitaurinas, en la que repudiaba los Toros, «no por que sean un ejercicio más o menos cruel que otros», dice, sino por lo mucho que se habla de ellos, dedicándole un tiempo que sería más útil si se ocupara en actos culturales o formativos.

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          Paseando ayer por mi querida ciudad de Trujillo, título otorgado por Juan II en 1428, con un sol y un cielo maravillosos, miré la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, con el fondo de la Torre del Alfiler coronada por el escudo de los Chaves Orellana, y recordé la leyenda que nos regaló en 1777 D. Nicolás Fernández de Moratín en su “Carta Histórica sobre el origen…”, en la que aseguraba, entre otros supuestos erróneos, que el conquistador trujillano había alanceado toros en aquel primer festejo que se celebró en Perú el 29 de marzo del 1540, en la entonces llamada Ciudad de los Reyes, Lima. Este dato, como el de que Francisco Romero y Acevedo, abuelo de Pedro Romero, fuera un gran torero, descubridor de la muleta, y bla, bla, bla; como que El Cid Campeador alanceara toros…; han sido desmentidos por investigadores y bibliófilos insignes a lo largo del pasado siglo. D. José Mª Gutiérrez Ballesteros “Conde de Colombí”, requirió a D. Ramón Menéndez Pidal información sobre la supuesta lucha ecuestre de «El Cid» en plaza, y el eximio intelectual, experto en el conocimiento del caballero castellano, contestó que no era plausible tal hecho (Cartas publicadas en una gacetilla de la Unión de Bibliófilos Taurinos). D. Diego Ruiz Morales, D. Francisco López Izquierdo, D. Rafael Cabrera Bonet y algunos investigadores más, hemos intentado encontrar algún artículo de la época, algún cartel o noticia taurina en los que poder ver el nombre de Francisco Romero y Acebedo como torero, pero no, no existe ninguna referencia que nos indique que el “carpintero de ribera” malagueño, padre y abuelo de toreros, que fuese a vivir a Ronda, actuara alguna vez como diestro; y dado que a finales del XVIII ya se reflejaban claramente los nombres de los toreadores de a pie que intervenían en los diferentes festejos taurinos, nos hace pensar que Moratín utilizó en su Carta al Príncipe de Pignatelli datos de dudosa veracidad. Y ahora tratamos de la actuación de Pizarro, “conquistador de Perú”, tal como nos dice D. Nicolás

Menéndez Pidal, bendijo la veracidad de la película «El Cid», como el más insigne estudioso de la figura del caballero castellano

Francisco Pizarro González nació en Trujillo el 16/III/1478, por lo que cuando se celebró el festejo que nos refiere Moratín de 29/III/1540, contaba con 62 añitos, provecta edad impropia de un rejoneador de toros poco experimentado en el arte taúrico, toda vez que, suponemos, sería el primer festejo en el que participaría. Pero dentro de la noticia que nos da Moratín, podemos atisbar alguna verosimilitud si ahondamos en el suceso y sus circunstancias; bien sabido es que “cuando el río suena, alguna agua lleva”.

          La noticia de Moratín dice: “D. Fernando Pizarro, Conquistador del Perú, fue un rejoneador valiente”. Recordemos que Francisco Pizarro, conquistador del Perú, murió en 1541, un año después del festejo de su “debut”, por lo que pensamos que estaría “poco toreado” como para atribuirle aguerridas dotes taurómacas… Si tenemos en cuenta que el hermano menor de Francisco, Hernando, nació en 1504, por lo que en el festejo de “autos” tenía 35 años, y que también fue Marqués de la Conquista, título que aparece ligado al supuesto rejoneador en algunas referencias antiguas, es presumible que el torero de a caballo que rejoneó el 29/III/1540 en Lima fuera Hernando y no Francisco. El hermano menor fue muy querido por Francisco, incluso casó con la hija que éste tuvo con la princesa Inés Yupanqui, hermana del Príncipe Inca Atahualpa, Francisca Pizarro Yupanqui. En el escudo nobiliario del Marqués de la Conquista que hace esquina en el balcón del Palacio del mismo nombre, pueden verse los bustos,  labrados en granito trujillano, de Hernando Pizarro y su esposa y sobrina, Francisca; en ese balcón del que, dice la leyenda, que partiría un puente colgante, hecho de plata, hacía la iglesia de San Martín, para que en las asistencias a Misa de los Sres. Marqueses de la Conquista, no tuvieran que mezclarse con la plebe… Leyenda tan poco creíble como algunas de las que nos cuenta D. Nicolás Fernández de Moratín en su Carta Histórica.

          En época pandémica, y ante el cerrojo que se nos impone a la libertad de movimiento en nuestra tierra, en la que sólo tienen venia de traslados los extranjeros; en la que no tenemos toros; es bueno que los amantes de la Fiesta Nacional y de su historia tengamos algunas anécdotas que nos permitan sonreír.

Trujillo, 12 de marzo del 2021.

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José María Moreno Bermejo

José María Moreno Bermejo

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