EL TOREO CÓMICO Y LOS PIQUEROS

REVISTAS TAURINAS DEL SIGLO XIX Y PICADORES DE ENTONCES

D. Juan-Gualberto López-Valdemoro y Quesada «Conde de las Navas» nos dice en su magna obra de 1899: «El espectáculo más nacional», que había pasado de 350 el número de revistas taurinas editadas desde aquel 1851, en que apareciera la primera de ellas, «El Enano», revista que comenzó como Boletín de loterías y toros. Pero antes de la revista taurina, nuestros aficionados del XIX eran informados de los avatares de la Fiesta por medio de unas «Hojas volanderas» que inventara D. José Velázquez y Sánchez «Don Clarencio» en 1849, y que se denominaban: «Cartas tauromáquicas», o, también: «Cartas taurómacas». Con nombres llamativos, y disparatados, se abrieron paso en el mercado de la información taurina inmediata, ya que se repartían al finalizar las corridas (a veces sin incluir el resultado del último toro). Eran los comienzos de una información detallada, más allá de las escuetas, pero muy importantes, que nos ofreciera el «Diario de Madrid», ya desde el siglo XVIII, cuando el 20 de junio de 1793 publicara la primera crónica taurina, firmada por: «Un Curioso».

Esperanzador futuro: «Siglo I»

Las Cartas Tauromáquicas, con títulos como: «El Bú», «El Gallo Inglés», «El Camelo», «Don Canuto», «El Tío Pandarra», «El Cuerno» o «La Cotorra», pretendían llamar la atención a lectores taurinos con sus llamativos nombres. En ellas escribieron los más cualificados críticos taurinos de la época, y de ellas salieron los «revisteros» que completaron las nóminas de no pocas revistas taurinas que surgieron a partir de la que comenzó llamándose: «El Enano. Boletín de Loterías y Toros», y que luego fue sólo: «El Enano». También las revistas buscaron sonoros títulos para sus cabeceras, como «El Toreo Cómico», «The Kon Leche», «El Mengue», «El Tábano», «El Tío Jindama», «El Chiquitín»…, aunque la supuesta banalidad de los jocosos nombres no rebajara la importancia de sus contenidos, dada la calidad literaria y amplios conocimientos de los colaboradores que en ellas escribían.

En una de ellas, en la llamada: «El toreo cómico», una revista importante de los finales del XIX, comenzó a publicarse en 1888, hemos detectado un interés máximo por la Suerte de varas y por las figuras de los picadores, algo lógico dada la importancia que nuestra querida primera suerte de la corrida tenía en aquellos años. Entre los escritores taurinos de «El Toreo Cómico» figuraban los más destacados literatos del momento, como ya predijera Mariano de Pardo Figueroa y de la Serna «Dr, Thebussem» que sucedería en breve, en una carta que dirigió al gran bibliógrafo y bibliófilo taurino D. Luis Carmena y Millán, tras tomar contacto con los toros al admirar la maravillosa «Bibliografía Taurina» que publicó Carmena en 1883, y que llegó a Thebusem de la mano del amigo común: Francisco Asenjo Barbieri, «Alfagemín» para ambos. Tras aquel primer contacto surgió la colaboración del Dr. Thebussem en la revista «La Lidia», que comenzara su andadura en 1882, en la que colaboraban Carmena y Antonio Peña y Goñi, que invitaron al poliédrico Doctor a que ornara «La Lidia» con su saber y su muy excelsa filosofía de vida. El gran «cervantista» se resistió, pero la importancia de los colaboradores de que gozaban esa y otras revistas taurinas, y la insistencia de los amigos, le animaron a aceptar el reto. Al final «Thebussem», que apenas había ido a los toros 2 o 3 veces en su vida, se convirtió en un asiduo estudioso e investigador sobre temas taurinos, que acabó recopilando sus artículos en un magnífico volumen titulado: «Un triste capeo».

EL TOREO CÓMICO, 1889

Una revista de frívolo título: «El toreo cómico», era una revista muy seria nutrida por una pléyade de escritores afamados, que dieron lustre a la publicación con sus acertados textos culturales que acompañaban a las semblanzas y crónicas taurinas de los llamados «revisteros». La importancia de las cabeceras la ofrecían sus colaboradores; la atracción del general público la seducía un título que pareciera jocoso. Vemos en la copia inferior el muy importante plantel de colaboradores del «Toreo Cómico» en 1889.

Durante el año 1889, «El toreo cómico» ilustró sus portadas con varias caricaturas de los picadores más destacados, reforzando sus aspectos físicos con una serie de ripios que definían sus cualidades profesionales y caracteres personales. He creído interesante, y relajante, subir al blog estas portadas, convencido en que atraerán el interés de vosotros, aficionados, y que os reportará un rato ameno y agradable. Al menos así lo deseo.

Trujillo, 10 de marzo del 2021, San Macario

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José María Moreno Bermejo

José María Moreno Bermejo

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